Meditaciones de Semana Santa

Palabra 4: La palabra de desamparo

Texto: Mateo 27:46 Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: Elí, Elí, ¿lama sabactani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?

Cuando era niña, me acuerdo estar en una tienda grandísima, y habiéndome distraído con juguetes, perdi a mi mama. En ese momento, mi único objetivo era encontrarla. Llamaba su nombre a gritos y la buscaba desesperadamente hasta encontrarla. Sentirse perdido/a no es una buena experiencia, pero la experiencia de estar completamente separado de Dios no se puede comparar. 

Mientras Jesús sentía el peso de nuestro pecado en sus hombros, por primera vez en la eternidad experimentó el dolor de la separación de Dios. ¿Por qué tenía que abandonar Dios a Jesús en esos momentos? La Palabra de Dios nos dice que  (Salmos 22:3ª) “…Dios es santo…” (Habacuc 1:13) “Son tan puros tus ojos que no puedes ver el mal;…”

En ese momento tan doloroso, Dios volteo su mirada de su único y amado hijo quien llevaba el castigo de todo nuestro pecado. El pecado trae separación espiritual de Dios, y Jesús ahora experimentaba el verdadero trauma de lo que significa estar alejado del Padre-- de sobrellevar la carga absolutamente solo.

 En nuestra angustia, nosotros también nos podemos sentir desamparados. Oímos decir muchas veces que no debemos hacerle preguntas a Dios, pero aquí, Jesús demostró que el verdaderamente entiende nuestra ansiedad y nuestro desconsuelo. La pregunta de Jesús, aun en su sufrimiento no acuso a Dios, no cuestiono su amor, y no dudo de sus promesas. Sus palabras no eran de desconfianza-- no dudaban del poder y propósito de su Padre. Las palabras de Jesús eran de desamparo, de desconsuelo, de las emociones que experimentamos nosotros en medio de las circunstancias difíciles. 

En los momentos más obscuros que podamos vivir, el amor y proposito de Dios sigue actuando en nuestras vidas. Jesus ya pago el precio por nosotros y es por ello que ahora podemos acercarnos “…confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.”  (Hebreos 4:16).

 En medio de la crisis y de nuestras angustias donde podremos preguntar “¿Donde estas, Señor?” o “¿Cómo podré salir de esta situación?” Jesús nos da un patrón a seguir: levantar nuestra cabeza y clamar en fe al único Dios que nos puede ayudar. Es gracias al sacrificio de Jesús en la cruz que ahora nosotros podemos estar completamente seguros de el cuidado y la protección de Dios. 

“… Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará. (Deuteronomio 31:6)

-- Alexis Ortiz